El Cronista de la Semana
Salto azul profundo
Última actualización el Miércoles, 24 de Marzo de 2010 15:21 Jueves, 18 de Febrero de 2010 19:24
El estar parado en ese risco, a más de veinte metros de altura en un mar salvaje e infinitamente hermoso, lo había soñado desde muchos años atrás, cuando el ser clavadista apenas era un juego de niños, de un niño de diez años. Orlando hoy abre los brazos como si fuera a volar. Al fondo se escucha un conteo regresivo: diez, nueve, ocho… tiene la mirada enclavada en el mar, esperando el instante decisivo en el que llega la ola para anunciarle que es hora de saltar. Siete, seis, cinco, cuatro. Lo rodean dos fotógrafos, un camarógrafo, tres personas de seguridad, dos de sus mejores amigos y clavadistas como él. Tres, dos, uno. Levanta los brazos, dobla las rodillas y se abalanza. Una vuelta en el aire perfecta. Una entrada en el agua limpia, triunfal.
El viaje hacia ese sueño había comenzado cuatro años atrás, cuando Orlando y su gran amigo Daniel Rincón visitaron por primera vez la isla y sus curiosos habitantes. Durante ese viaje buscaron enterarse de las posibilidades y escenarios ideales para los saltos, de las condiciones de trabajo que allí enfrentarían ellos y el equipo que los acompañaría, de los permisos y autorizaciones requeridas para operar desde un santuario natural tan importante para el mundo entero.
Malpelo no es tan solo una roca que flota en medio del mar, es también la zona libre de pesca mas grande del pacífico tropical, es el hábitat de especies marinas únicas y amenazadas, y uno de los lugares mas apreciados del planeta para el buceo deportivo. En el año 2006 la UNESCO declara a esta isla como patrimonio de la humanidad. En noviembre de 2009 Orlando Duque la hace suya saltando desde tres puntos impensables. Lo difícil allí no será solo llegar.
Partiendo de Bogotá Orlando y todo el equipo hacen su primera escala en la ciudad de Cali. Es allí donde nació y creció el "Duque" antes de hacerse ciudadano del mundo y rey de las alturas. No hay tiempo para mucho. Cali será el último punto de abastecimiento antes de dejar la civilización y adentrarnos en el mar para asumir el desafío que Orlando ha soñado la vida entera. Después de tres horas de camino sinuoso, una van cargada con doce personas y equipos suficientes para registrar la aventura llega al puerto de Buenaventura. Será este el último destino en tierra. Embarcamos. La noche avanza y así también lo hace el "Sea Wolf", un barco con los lujos necesarios para dormir, comer y convivir.
Vendrían ahora cerca de diez horas hasta la isla prisión Gorgona, única parada antes de arribar a Malpelo. Llegamos al amanecer. El día en la ex prisión transcurre tranquilo. Orlando recorre las instalaciones de una estructura consumida por la selva. Fotos. Unos minutos de amnea en un mar cristalino y el placer inigualable de escuchar el canto de las ballenas bajo el agua. El "Sea Wolf" parte nuevamente. Ahora serán cerca de 20 horas hasta la isla inhóspita que es nuestro destino.
La ansiedad se apodera de la mañana. El capitán dice que en cuestión de horas Malpelo aparecerá en el horizonte. Así sucede. Cerca del medio día un iceberg imposible, hecho de roca volcánica y flotando casi inverosímil en el mar tropical, se levanta de la nada y nos entera del tamaño de nuestro desafío. No se ven mas que aves, no se ve nada mas que roca.
Instalados, con el barco fijado ya a su boya, en las horas que restan de aquel primer día la misión es nada mas que buscar y encontrar. Buscar los lugares que permitan que Orlando despliegue su magia en el aire y en el agua, encontrar la manera de hacerlo en una locación tan poco diseñada para el hombre y cualquier labor que allí este se proponga. Tres zodiacs parten y circundan la isla. Orlando, Eber y Dany, amigos y compañeros clavadistas, señalan y sugieren múltiples opciones en las alturas. Daniel, Rafa y Juanda, escaladores y encargados de la seguridad, analizan sus accesos. Rapel allí, escalada por allá.
No hay que acercarse demasiado a las rocas para saber que será difícil. La erosión, las precipitaciones, los vientos y el tiempo han hecho de la isla una trampa mortal. La roca está decompuesta, frágil en medio de toda su fortaleza. No existen orillas para desembarcar. El mar jamás está tranquilo. Demsky y Rozo imaginan sus fotos desde esa misma dificultad. Thomas Miklautsch y su equipo de video saben que esta vez no será algo como "9 dives". El esfuerzo será para todos por igual. Los zodiacs vuelven al caer la tarde, cenamos, reposamos. El Sea Wolf duerme, nosotros no del todo.
La mañana tres empieza con una reunión en cubierta. Un mapa es suficiente para ubicar lo escogido y su mejor luz a cada hora. Orlando deja claro el orden del día. Partimos hacia los Tres Mosqueteros, primera locación. Horas antes el equipo de escalada ha descifrado la manera de ascender a uno de los picos. Daniel salta del bote, nada, y asciende la roca desde el agua. Instala los primeros elementos de seguridad para que sus compañeros completen el montaje. Llega Orlando. Salta del bote, nada, se acerca a la roca. Un arnés lo espera atado a una cuerda que facilitará el ascenso a 27 metros de altura. El día es gris y el mar, rudo. Ahora al agua van Dany, luego Eber. El mismo arnés los cuida mientras ascienden sólidos en su esfuerzo.
Ha pasado mucho tiempo entre los ascensos. El día sigue gris y el mar es mas rudo aún. Todos en posición, se inician los conteos. Dany es el primero, su clavado es tranquilizador. Eber salta ahora. Se impulsa. En medio del aire su cuerpo se suspende y da la cara al cielo. Gira hacia atrás, la gravedad hace lo suyo. Su splash poco se nota. Orlando Duque cierra la mañana. Su entrada es limpia, triunfal.

En ese mismo día, el tres aún, hacemos un intento de acceso y salto desde la locación dos: "La catedral". El arco natural de piedra que da nombre a este punto es tan espectacular como los saltos que desde allí se lograrán. Para llegar a la plataforma improvisada ha sido necesario subir una escalera oxidada que permite llevar provisiones a los únicos humanos que habitan la isla. Ha sido necesario caminar veinte minutos por la roca suelta cuidando no lastimar a ninguno de los animales que en ocasiones son mas visibles que la roca misma. Esta vez Daniel y su equipo han organizado un descenso efectivo y delicado. Todos equipados con arneses y cuerdas buscamos posición. Un mal paso hace que una piedra pequeña cobre vida y descienda hasta la cabeza de Thomas. No ha sido grave, pero la alerta está dada. Minutos después una roca mucho mas grande, que sale de otro muy mal paso, aterriza como un meteorito en medio del grupo que lidera el descenso. Tampoco ha sido grave.
Aunque allí todo parece fácil, el sol ya se oculta y el salto aún no sucede. La luz es cada vez mas escasa. Eber y Dany saben que no habrá tiempo para su intento. Orlando se aventura solo. Ubica el punto. Desciende. Su plataforma esta vez no tiene mas de veinte centímetros cuadrados. Su único apoyo ahora es Daniel y la cuerda que los une. Llovizna. Los nervios nos invaden. Orlando, con una mezcla de cuidado y dificultad, se despoja de su arnés. No tiene mas de diez segundos. Daniel hace el conteo. Salta, impecable como siempre, temeroso como nunca. Horas mas tarde, ya en el barco, el "Duque" hablaría con respeto de ese salto. No es frecuente escucharlo referirse con temor a su arte. Para ese momento ya estamos enterados de que Malpelo no es lugar para el error.
La mañana del día cuatro logra sedarnos y alentarnos para lo que viene. Después de todo nadar y sumergirse en medio de barracudas y tiburones martillo es un regalo que los mortales no imaginaríamos pedir. Una buena jornada en grupo nos despide del barco con optimismo. Orlando vuela en las profundidades al igual que lo hace en el aire. La Catedral nos espera nuevamente.


Hoy sale fuerte el sol. El descenso y el montaje son fáciles producto de la experiencia del día anterior. Todo fluye, los saltos de Eber, Dany y los del campeón. Las imágenes de Demsky y de Rozo por igual. Thomas, Richard y sus cámaras ya no piden mas. Dos horas de almuerzo y de descanso hacen ver que todo ha tenido sentido hoy. Volvemos a la isla. El plan ahora es caminar hasta su punto mas alto. El ascenso toma cerca de una hora. El plan dice que desde allí descendiendo en rapel accedemos al tercer y último escenario elegido para saltar: una pequeña bahía cristalina conocida como "La nevera". No han pasado mas de cinco minutos en la cumbre cuando se hace evidente que elegimos mal. Que aquel no era el camino ni la forma mas idónea de llegar allí. Todo ha sido en vano. Hay frustración en algunos y mucho mas trabajo para otros. Sin tiempo que perder los escaladores abordan uno de los zodiac. Dan vuelta a la isla y en la agonía de la tarde aseguran lo mínimo para que la mañana siguiente todo vaya como debe ser. Nuevamente, sin luz y con dificultad, el campeón hace su intento. La profundidad es la adecuada, la altura la ideal. El sol ya no está presente y desde 27 metros de altura Orlando deja dicho que mañana será otro día.
El cierre de la experiencia Malpelo no podía ser mejor. La sesión en "La nevera" fue la conclusión perfecta de todo lo imaginado y trabajado. Los saltos de Orlando y sus mosqueteros estuvieron llenos de color y espectacularidad: cambiando alturas, saltando en tandem, con aplausos emocionados de los pocos que tuvimos el privilegio de estar allí. La luz fue la indicada, el mar como domado. Cerca de las 6 pm el Sea Wolf zarpa de nuevo hacia lo conocido.
En un lugar en el que todo es extraño o difícil, o los dos, el éxito depende de la velocidad a la cual se aprende. Las lecciones fueron muchas. …"Malpelo es un espacio para el que nunca estaremos preparados"... "Nuestra recompensa allí ha sido salir ilesos"… , "poder volver a casa con nuestras tareas hechas, bien". Opinan todos en las conversaciones de regreso. Como sea, lo cierto en esta ocasión es que el sueño de un niño arrastró hacia esa roca los egos, creencias y valentías de un grupo de profesionales y aventureros. Su próximo sueño tal vez sea helado, tal vez sea elevado. Lo hará posible, y con toda certeza, lo hará lucir fácil, como cada uno de sus imposibles saltos.
Festival vegetariano con mucha carne (humana)
Jueves, 18 de Febrero de 2010 18:03
Colaboración especial desde Phuket, Tailandia
Caminar sobre el fuego o perforar el cuerpo no es un truco de magia en el Festival Vegetariano de Tailandia. Cuchillos, espadas y pistolas atraviesan la piel de los creyentes, la sangre no es un escándalo y las heridas santifican los pecados.
Buda baja del cielo el 11 de octubre con la novena luna del calendario Chino, nueve campanazos invocan su llegada, el clamor de los tambores, el incienso y las banderas anuncian su presencia.
**Durante el mes de octubre en la hermosa ciudad de Puketh en el sur de Tailandia, las noches se llenan de actividades, esquizofrénicos "Raves" se toman las playas, prostitutas menores de edad se entregan a europeos barrigones, mochileros de toda Europa invaden los hostales, todo es fiesta, sexo, droga y rock and roll o mejor música electrónica; pero para los budistas locales es mucho más que eso; es el mes del Festival Vegetariano. Nueve días en los que no se come carne, no se bebe, no se fuma, no se tira, no se mata, ni se roba y mientras los europeos se entregan a sus orgías, los budistas ofrecen sus carnes y su dolor por los pecados de los demás.
**Llega la hora; la idea es ofrecer el mejor sacrificio y causar la mayor impresión, así que en el momento de satisfacer a Buda, la creatividad es bien bizarra, solo un espíritu convencido es capaz de disfrazarse de accidente de tráfico.
Hay incienso por doquier, fuego, gritos, unos se rascan, los otros agitan la testa, saltan, bailan, corren. Son las 11 de la noche, el templo enciende las luces, hay por lo menos mil personas reunidas que mueven la cabeza de un lado al otro, parecieran decir que no, pero en realidad están en trance.
**El Festival Vegetariano es de las clases más populares de Tailandia. Los creyentes aprovechan nueve días para redimir sus pecados, así los bandidos de la ciudad utilizan sus armas de trabajo y las ofrecen a Buda como muestra de verdadero arrepentimiento para limpiar sus conciencias. Es lo mínimo que uno esperaría de algunos en Colombia; que se metieran sus fusiles por el c……………..achete
Suena la primera campana, la energía se condensa, el calor es infernal, un tambor impone el ritmo de la respiración. Son las 12 de la noche y se alza una bandera amarilla, ¿Qué está pasando? ¿Qué es esto? ¿Por qué saltan en una sola pata? ¿Por qué se rascan la cabeza? ¿Por qué emiten esos ruidos extraños? tienen los ojos en blanco, parecen poseídos por el diablo, pero en realidad están en comunión con su dios.
La pólvora explota en medio de las personas, suenan las campanas sin descanso, las voces de los elegidos se tornan infantiles, Buda está en sus cuerpos, Buda está en el templo, Buda está en Tailandia.
Es mi Segundo día en Phuket, una de las ciudades mas agitadas de Tailandia; el 28 de diciembre de 2004 fue casi borrada del planeta por un tsunami, cien mil muertos dejo ésta tragedia en todo Asia y en Phuket, miles de turistas murieron ese día. Yo camino desprevenida por las calles congestionadas, las carros, las motos y los transeúntes se mezclan sin ninguna organización y van en todas las direcciones, hay comida por todas partes, nada de carnes durante nueve días, pero en cambio todo un paraíso de verduras, de frutas, de pastas, arroces y fritos.
De repente, en la mitad de la calle veo a un hombre que refriega un cuchillo sobre la superficie de su lengua, saborea la sangre que sale de su boca. La ciudad se adorna con heridas abiertas al son de los tambores, golpes de los cueros que se confunden con la rítmica flagelación, en la que miles de fieles se laceran las carnes con látigos que suben y que bajan al unísono.
Los curiosos se arrodillan al paso de una procesión de los elegidos, que cargan en sus hombros a Buda desde el templo de "Krathu" hasta el centro de la ciudad; en las casas lo esperan con fuego y estruendo de pólvora que quema todos los males de la humanidad; yo salgo inmersa en el río de gente que va tras el adorado Buda.
SEGUNDA PARTE
Con espadas, agujas y sables; hombres y mujeres llegan donde el maestro con los ojos desorbitados, abren la boca y él sin compasión, sin anestesia, ni delicadeza atraviesa las mejillas que no oponen resistencia, que se abren como mantequilla perforada por un cuchillo caliente, no hay sangre, no hay gritos, ni lamentos, porque Buda los protege.
Recorren las calles de Phuket con sus cuerpos perforados luciendo sus excéntricos accesorios, árboles, mesas, parasoles, todo lo que tenga un palo se puede meter en algún lado; reciben ofrendas de los creyentes. Son santos de temporada.
Entre tanto exceso empiezo a acostumbrarme a este extraño ritual; sin embargo tengo la fortuna de conocer a Avao. Solo tiene 21 años y lleva un par de revólveres en sus manos, no creo que sea capaz de meterse eso, su cuerpo está completamente tatuado, su boca, su nariz y su cara se deforman; este hombrecillo tiene cada mejilla atravesada por una impresionante herida de 8 cms, sus compañeros lubrican su piel con aceite, camina con seguridad y poder, la gente lo mira con un mezcla de respeto y dientes destemplados.
La pólvora es la banda del festival; Avao no se cansa, sus amigos ya son mis amigos, los he acompañado por más de 8 horas, solo falta un kilómetro. Llegamos al Templo de Krathu, Avao es liberado de sus pistolas, ni una gota de sangre, ni unos puntos, ni una curación; unas pequeñas cintas para unir la piel y ya está.
Avao sale del trance y pregunta quién soy yo. Después de nueve horas de estar conmigo no me conoce, me presento y le pido acompañarlo a su casa; su familia lo recibe sin euforia, su novia que tiene dos meses de embarazo se ve tranquila, sus hermanitos se miden el cono con el que fue perforado; tal ves no ven la hora de ser ellos los que tengan un par de pistolas en las mejillas, pero no todos tienen este privilegio, solo los llamados por Buda pueden hacer de su cuerpo un retazo de santidad.
El cuerpo la prisión, la comida el pecado, pena de muerte la condena
Última actualización el Jueves, 18 de Febrero de 2010 15:32 Jueves, 18 de Febrero de 2010 13:29

No puedo con la vida,
No soporto este cuerpo,
Los días son eternos,
La comida me persigue,
La gordura me atormenta,
La anorexia me consume.
Es 21 de marzo, Julia como llamaremos a esta joven, se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Policarpa, en el centro de Bogotá, un taxista la dejó moribunda a las dos de la tarde, su edad: 21 años, su peso: 31 kilos, convulsiones, depresión, llanto, culpa, ojos perdidos, brazos torcidos y lengua mordida son sus síntomas.
El parte medico
Julia ingresó por anorexia nerviosa, el vomito y el uso de laxantes afectaron su corazón.
Siguiendo los pasos de la anorexia
Es 5 de junio, hace un par de semanas que la internaron en el hospital. Camina lento y sin aliento, conectada a unas sonda naso gástrica. Todas las mañanas baja al restaurante del hospital por un café. Julia es una "obesa" de 33 kilos, huesos envejecidos, piel marchita y un discurso que invoca la muerte.
Para ella el hambre es un placer, el vomito un alivio, la comida el pecado. Recuperó 3 kilos desde que ingresó al hospital, las enfermeras que la conocen se alegran de ver algo de color en su rostro. Marta su vecina de habitación le dice: "Julia te ves mejor, ya estás repuestica". Esa no es una voz de aliento, es una tortura.
"La pesa dice que estoy en 33 kilos, pero en el espejo los gordos se me salen por todos lados, la gente dice que estoy cachetona y mi mamá llora cuando me toca, pero la anorexia es mi trofeo, es lo único que tengo, ya no puedo estudiar, no tengo novio, ni amigos". La muerte le pisa los talones, 10% de las anoréxicas mueren anualmente, y 10 mujeres por cada hombre la padecen.
Castiga su cuerpo, venga el deseo, tortura sus tripas. "Esto es un suicidio lento, eso es lo berraco, que aunque uno sepa que se esta muriendo, no puede comer", diariamente muere gente de cáncer, de sida, de infarto, pero también mueren de anorexia.
"El 18% de la población padece algún trastorno de alimentación: 1% anorexia, 4% bulimia y otro 13% son comedores compulsivos. Los desordenes alimenticios son enfermedades tan presentes como la diabetes que afecta al 7% de la población" asegura la sicóloga Sandra Beltrán.
Para Julia todo empezó cuando tenía 14 años y pesaba 60 kilogramos. Al ingresar a la universidad decidió bajar de peso, no iba a ser siempre la gorda del curso; así empezaron las dietas, nada de harinas, ni de dulces, ejercicio en exceso hasta llegar a comer cada tercer día. En un principio sus padres y sus amigos la felicitaban y decían que estaba muy bonita, así la delgadez se convirtió en su adicción y el reto diario por controlar las calorías. Julia se especializó en nutrición, ahora conoce todos los grupos alimenticios y sus propiedades, sabe perfectamente cuantas calorías tiene una manzana o una nuez, sabe cuanto adelgaza si llueve o si hace calor, si sube 5 o 10 escaleras.
Una persona a la que se le pronostique la enfermedad antes del año tiene un 60% de posibilidades de cura, pero hasta el momento la anorexia no es considerada una enfermedad importante, no hace parte de los planes del sistema de salud pública ni está cobijada por las EPS, los padres de familia no la conocen y para muchos es una enfermedad vergonzosa.
Los pensamientos de Julia deambulan entre hamburguesas y pizzas que no se permite comer, invierte el dinero de su mesada en manzanas y medicamentos que compra sin problema alguno en la droguería de la esquina, nunca le han pedido fórmula médica a pesar de que sale cargada de quemadores de grasa, inhibidores de apetito, laxantes y diuréticos.
Los diuréticos son medicados para la hipertensión o para fallas cardiacas, pero máximo se permite tomar a un paciente que la requiere dos pastillas diarias, Julia compraba semanalmente 100 píldoras que le costaban diez mil pesos y llegó a tomarse 42 en un día, como aquel 21 de marzo que llegó inconciente al Hospital de Policarpa.
Julia se convirtió en la chef de la casa, en un principio sus padres estaba encantados, pero lo que no ellos no notaban, era que ella escondía muchos de los alimentos y entre tantas atenciones no probaba bocado, siempre tenía una excusa para no comer en familia, le daba vueltas y vueltas a cada trozo. Su comida que para ella "era toda insípida y desabrida", terminaba quedando desecha, fría y revolcada en la caneca, y lo poco que comía lo vomitaba a escondidas o lo expulsaba utilizando laxantes.
Julia abusaba de precisamente de estos medicamentos. Creía que eran inofensivos. Bajo fórmula médica sólo se permite usar dos pastillas en caso extremo y ella consumía hasta 10 en una noche, lo que le produjo una deshidratación severa, un colapso rectal que casi la lleva a la muerte. En Colombia 3.7% de los menores se muere por deshidratación y una persona con bulimia en constante vómito y diarrea, en una sola vomitada o con diarrea puede deshidratar el cuerpo hasta causarle la muerte.
Julia era la mejor estudiante de la clase, perfeccionista y psicorrígida, cada vez dormía menos, pero era el orgullo familiar, por su disciplina, porque no era parrandera, ni viciosa, sin embargo con los meses se volvió malgeniada e irascible, solitaria, depresiva, siempre estaba cansada, su pelo se caía por montones, decía tener estreñimiento, la menstruación se le desapareció y vomitaba en silencio.
Pasaron muchos meses y nadie se pregunto ¿qué pasaba con esa jovencita que ahora no reía ni parecía disfrutar de la vida, ni de los almuerzos familiares?. Tres años después sus padres se percataron de que algo estaba mal. Julia tenía una anorexia nerviosa y aunque nunca es tarde para ese momento ya pesaba 27 kilos.
Las personas que padecen esta enfermedad aprenden a convivir con ella, a ocultarla, a manejar los síntomas, a re-hidratarse y re-nutrisrse cuando más graves están, pero las secuelas a largo plazo como la osteoporosis no tienen retorno.
La familia de Julia tardó mas de tres años en tomar alguna medida, ella sabía cómo manipular la situación para evitar cualquier control médico. "Mi mamá no se daba cuenta, pero un día me toco la espalda y se puso a llorar, ahí empecé una búsqueda incesante, de medico en medico, hemos ido hasta el indio amazónico, pero parece que no han descubierto la cura contra la anorexia"
Seis meses después de estar internada bajo supervisión nutricional y siquiátrica logró subir 11 kilos, mejoró sus hábitos alimenticios, el brillo de sus ojos y la sonrisa aparecía de nuevo en su rostro.
La dicha no duro mucho, salió triunfal del hospital y en un par de semanas las alegrías e ilusiones se fueron de nuevo por el inodoro, el vomito reapareció, el apetito la olvidó, sus pómulos cada vez están más pronunciados, su columna marcada, sus ojos se apagan, su madre, su padre, sus abuelos y sus pocos amigos lloran en silencio, Julia es otra vez un esqueleto que deambula por las calles de la ciudad, no la atienden en la EPS, espanta en los hospitales, ya no hay más oportunidades, no hay centros especializados, el aire se agota, la vida se le escapa sin esperanza, en "Especiales Pirry" imploró perdón, pero ya son sus entrañas las que cobran venganza, las que no la dejan salir de ese vacío que la mata, ese hambre que la persigue.
Hoy, un año después, esta joven se niega a ver que la vida se le acaba, se niega a aceptar que esta enfermedad no tiene cura. A pesar que las ilusiones son muy pocas, sus hambrientos amaneceres las llevan a seguir dando la batalla, sola pelea contra el sistema y la medicina, contra los que no creen en ella, se alimenta del aire y de la esperanza de encontrar una fundación que las ayude a salir de este infierno, pero su cuerpo ahora venga su flagelo y aunque Julia sigue controlando sus alimentos para no subir de peso, la tiroides alterada y su metabolismo, ya no funcionan como antes. Recuperó su peso corporal norma de 55 kilos, pero para ella esto es la obesidad extrema "Estoy como un globo, subo 7 kilos por semana aunque no estoy comiendo nada. Ahora que hago?"
Julia está mejor que nunca, aunque no lo acepte. Su cuerpo está dando la pelea, sólo falta que su mente la deje ser feliz. "Es un trabajo largo pero esta avanzando", asegura Victoria Pérez su medica siquiátrica. Las cifras dicen que 60% de las pacientes con anorexia se curan completamente, 15% se recupera parcialmente, 15% se sigue deteriorando y 10 % muere.
La anorexia contrario, a lo que muchos creen no es una simple cuestión de moda o vanidad, es una enfermedad del cuerpo y la mente que requiere costosos tratamientos, especialistas y compañía de la familia.
"Si hubiera detenido esto a tiempo, tal vez mi historia seria otra, pero hoy a mis 22 años parece que esto no tiene solución" asegura Julia con lágrimas en los ojos y una pierna enyesada a causa de una deteriorante osteoporosis.
Señales para detectar a una persona anoréxica
Rechazo a mantener el peso corporal por encima del mínimo normal para la edad y talla.? Adopción de dietas, que dan a la persona enferma sentimiento de poder y control.? Poseen un único objetivo, "ser delgados".? Deciden dejar de comer o disminuir la cantidad de comida
Desean preparar la comida y cocinan para toda la familia.
Empiezan a poseer un elevado conocimiento de los alimentos, su valor nutricional, sus calorías, etc.
Juegan con el plato y desmenuzan los alimentos.
Control frecuente del peso y de sus medidas
Gran parte del tiempo están pensando en la comida, planeando que pueden hacer para evitarla y dicen no sentir hambre. Evitan las comidas familiares, argumentando que tiene que estudiar, que le duele la cabeza o el estómago o que ya han comido fuera.
Preocupación por la forma en que se preparan los alimentos
Aumentan su actividad física, deporte y están siempre activas.
Se aíslan y su carácter se torna hostil e irritable
Se quejan constantemente de verse gordas, con distorsión de la imagen corporal e inician ejercicio compulsivo o dietas repetitivas
Prefieren usar ropa muy holgada, grande.
Duermen poco y su capacidad de concentración disminuye.
Depresión y/o ansiedad sobre todo al enfrentar los temas relacionados con cuerpo y comida
Hiperactividad y preocupación obsesiva por los estudios, incluso con mejoría del rendimiento
Búsqueda del sentido de identidad.
Temor a perder el control no sólo en la comida.
Interpretación rígida de las relaciones humanas.
Capacidad deficiente para el pensamiento abstracto.
Negación de la enfermedad.
Pérdida progresiva de peso
Vómitos
Cambios menstruales, generalmente ausencia de la menstruación
Frio, cansancio, resequedad de la piel, caída del cabello, palidez, estreñimieto
Cómo detectar a una persona con Bulimia
Cambian frecuentemente entre comer poco y luego comer mucho, sobre todo alimentos dulces, sin poder parar y con la sensación de pérdida de control
Los sentimientos de ira, cansancio, ansiedad, soledad o aburrimiento provocan la aparición de ingesta compulsivas
Buscan compensar sus comportamientos con purgas con laxantes, diuréticos, vomito, ejercicio, adelgazantes, etc.
Buscan usar el baño luego de comer
Culpa y vergüenza por sus comportamientos alimentarios por lo que buscan evitar comer con otros.
Sensación de fracaso
Tristeza, depresión, baja autoestima, sentimiento de desesperación y desesperanza
Excesiva actividad física.
Hábitos o rituales de alimentación peculiares. Pueden llegar a gastar una gran cantidad de dinero en comida o recurrir a la que ya hay en casa, que comienza a desaparecer misteriosamente de la despensa.
Almacenan alimento y vómito en distintos lugares de la casa.
Se comen la comida de otros y lo niegan al ser sorprendidos.
Abusan en el consumo de agua, café, leche y bebidas light.
Chupan y escupen la comida.
No hay placer al comer
Recurren constantemente a las mentiras.
Verifican frecuentemente el peso, el cual usualmente es normal, aunque la persona se puede percibir a sí misma con sobrepeso.
La bulimia puede ir acompañada de otros trastornos como la cleptomanía, el alcoholismo, drogadicción, promiscuidad
Preocupación constante por la figura corporal y el peso
Irregularidades menstruales
Deshidratación, diarrea, debilidad, dolores de cabeza, dolor de estomago, anemia, dolor de garganta crónico, calambres, mareos, desmayos, convulsiones.
Erosión del esmalte dental
Besé un enano y se convirtió en sapo, lo besé de nuevo y se convirtió en príncipe
Miércoles, 17 de Febrero de 2010 09:31

A mi no se me perdió ninguna pelotita de oro en el lago para andar besando sapos que al fin del cuento no son príncipes sino lagartos. Pasé días y noches buscando el amor verdadero, recorrí valles y montañas, hasta llegar a la Patagonia, pero ese príncipe que me pintaron en los cuentos de hadas no estaba por ningún lado.
El sol resplandecía, el viento era frío y el único hombre que tenía cerca era mi jefe, "No, ese no puede ser, ese no es un sapo sino un ogro, es otro enano y ya no quiero mas", sin embargo se desató en mi una imprudente curiosidad, un revuelto de sensaciones y pensamientos que me confrontaban entre admiración, respeto y deseo frente a un hombre que por su fama eliminaba cualquier intento de picardía cuando lo miraba a los ojos.
Después de largas charlas sobre asesinos en serie y discusiones sobre el documental que preparábamos en el camarote de un crucero por los glaciares del sur de chile, sus argumentos y sus conclusiones diariamente me llevaban un éxtasis de admiración. La piel me decía que lo intentara, el corazón me palpitaba y las manos me temblaban, pero después de haber besado cuanto lagarto se me atravesaba porque no hacerlo.
¿Cómo hacerlo?
La estrategia tomó un poco de tiempo, por fortuna estábamos en un lugar paradisiaco y con la escusa de los fantásticos paisajes le pedí que nos tomáramos una foto juntos de recuerdo, me le acerque un poco, otro poco, hasta que lo abrace, me le lance a la mejilla y le di un beso, un beso a Pirry, ustedes podrán juzgar a quién le gustó més la idea.
Así fue que este … que de príncipe tenía poco y de sangre azul nada, ese que dice no conocer el amor, ese aventurero que con arrogancia desafía la gravedad y enfrenta los peligros sin miedo y astucia era un ahora un corazón desarmado, era un hombre que sonreía con un simple beso.
Yo di el primer paso, el dió todos los demás, me llevó de la mano por el mundo, juntos conquistamos a besos 4 continentes y mas de 7 países, con la creatividad que lo caracteriza encontró siempre el lugar perfecto para besarnos.
Besar parece algo simple, algo instintivo, pero besar cuando se ama es no pasa sino una vez. Fue en Paris, después de recorrer sus calles en patines, con la torre Eiffel de testigo fue el momento que por primera vez sentí amar al hombre que besaba.
Recordar nuestros besos mientras escribo es sacar de mis huesos, de mi sangre de mi aliento el secreto de un amor que mantuvimos escondido, que en tierra colombiana no existía, un amor del mundo, un amor de tierras lejanas pero un idioma que solo hablamos los dos.
Un amor prohibido, un secreto que nos llevo al fondo del mar, a catacumbas turcas, al otro lado del mundo, para besarnos.
Recuerdo volar en globo y llorar de felicidad pero el mismo tiempo le rogaba a Dios que ese globo se quedara en el cielo para siempre, porque volver a tierra nacional era negar cada beso, era negar nuestro amor. Ojala nos hubiera llevado el viento en aquella alborada que brindábamos con champaña y celebrábamos lo que nunca pudimos contar.
Escalar mas de una hora a plenos sol de medio día seiscientos metros para conquistar la cumbre de una de las mas bellas rocas de Meteora en Grecia, rocas con escondederos en donde cristianos invadidos por el miedo hace mas de siete mil anos temblaban, se abrazaba y besaban ante la persecución de los turcos en el siglo XIV, fue también nuestro refugio, donde temblamos de alegría al besarnos con libertad.
Descifrar los laberintos del mundo para que mi padre nunca viera esta fotos que hoy son el recuerdo de esos besos que guardan los detalles precisos de mi único amor.
Así fue que como amantes vencedores nos besamos a escondidas y desafiamos los juicios y prejuicios lejos de casa para que mi padre no muriera por amor.





