Festival vegetariano con mucha carne (humana)
Jueves, 18 de Febrero de 2010 18:03
Colaboración especial desde Phuket, Tailandia
Caminar sobre el fuego o perforar el cuerpo no es un truco de magia en el Festival Vegetariano de Tailandia. Cuchillos, espadas y pistolas atraviesan la piel de los creyentes, la sangre no es un escándalo y las heridas santifican los pecados.
Buda baja del cielo el 11 de octubre con la novena luna del calendario Chino, nueve campanazos invocan su llegada, el clamor de los tambores, el incienso y las banderas anuncian su presencia.
**Durante el mes de octubre en la hermosa ciudad de Puketh en el sur de Tailandia, las noches se llenan de actividades, esquizofrénicos "Raves" se toman las playas, prostitutas menores de edad se entregan a europeos barrigones, mochileros de toda Europa invaden los hostales, todo es fiesta, sexo, droga y rock and roll o mejor música electrónica; pero para los budistas locales es mucho más que eso; es el mes del Festival Vegetariano. Nueve días en los que no se come carne, no se bebe, no se fuma, no se tira, no se mata, ni se roba y mientras los europeos se entregan a sus orgías, los budistas ofrecen sus carnes y su dolor por los pecados de los demás.
**Llega la hora; la idea es ofrecer el mejor sacrificio y causar la mayor impresión, así que en el momento de satisfacer a Buda, la creatividad es bien bizarra, solo un espíritu convencido es capaz de disfrazarse de accidente de tráfico.
Hay incienso por doquier, fuego, gritos, unos se rascan, los otros agitan la testa, saltan, bailan, corren. Son las 11 de la noche, el templo enciende las luces, hay por lo menos mil personas reunidas que mueven la cabeza de un lado al otro, parecieran decir que no, pero en realidad están en trance.
**El Festival Vegetariano es de las clases más populares de Tailandia. Los creyentes aprovechan nueve días para redimir sus pecados, así los bandidos de la ciudad utilizan sus armas de trabajo y las ofrecen a Buda como muestra de verdadero arrepentimiento para limpiar sus conciencias. Es lo mínimo que uno esperaría de algunos en Colombia; que se metieran sus fusiles por el c……………..achete
Suena la primera campana, la energía se condensa, el calor es infernal, un tambor impone el ritmo de la respiración. Son las 12 de la noche y se alza una bandera amarilla, ¿Qué está pasando? ¿Qué es esto? ¿Por qué saltan en una sola pata? ¿Por qué se rascan la cabeza? ¿Por qué emiten esos ruidos extraños? tienen los ojos en blanco, parecen poseídos por el diablo, pero en realidad están en comunión con su dios.
La pólvora explota en medio de las personas, suenan las campanas sin descanso, las voces de los elegidos se tornan infantiles, Buda está en sus cuerpos, Buda está en el templo, Buda está en Tailandia.
Es mi Segundo día en Phuket, una de las ciudades mas agitadas de Tailandia; el 28 de diciembre de 2004 fue casi borrada del planeta por un tsunami, cien mil muertos dejo ésta tragedia en todo Asia y en Phuket, miles de turistas murieron ese día. Yo camino desprevenida por las calles congestionadas, las carros, las motos y los transeúntes se mezclan sin ninguna organización y van en todas las direcciones, hay comida por todas partes, nada de carnes durante nueve días, pero en cambio todo un paraíso de verduras, de frutas, de pastas, arroces y fritos.
De repente, en la mitad de la calle veo a un hombre que refriega un cuchillo sobre la superficie de su lengua, saborea la sangre que sale de su boca. La ciudad se adorna con heridas abiertas al son de los tambores, golpes de los cueros que se confunden con la rítmica flagelación, en la que miles de fieles se laceran las carnes con látigos que suben y que bajan al unísono.
Los curiosos se arrodillan al paso de una procesión de los elegidos, que cargan en sus hombros a Buda desde el templo de "Krathu" hasta el centro de la ciudad; en las casas lo esperan con fuego y estruendo de pólvora que quema todos los males de la humanidad; yo salgo inmersa en el río de gente que va tras el adorado Buda.
SEGUNDA PARTE
Con espadas, agujas y sables; hombres y mujeres llegan donde el maestro con los ojos desorbitados, abren la boca y él sin compasión, sin anestesia, ni delicadeza atraviesa las mejillas que no oponen resistencia, que se abren como mantequilla perforada por un cuchillo caliente, no hay sangre, no hay gritos, ni lamentos, porque Buda los protege.
Recorren las calles de Phuket con sus cuerpos perforados luciendo sus excéntricos accesorios, árboles, mesas, parasoles, todo lo que tenga un palo se puede meter en algún lado; reciben ofrendas de los creyentes. Son santos de temporada.
Entre tanto exceso empiezo a acostumbrarme a este extraño ritual; sin embargo tengo la fortuna de conocer a Avao. Solo tiene 21 años y lleva un par de revólveres en sus manos, no creo que sea capaz de meterse eso, su cuerpo está completamente tatuado, su boca, su nariz y su cara se deforman; este hombrecillo tiene cada mejilla atravesada por una impresionante herida de 8 cms, sus compañeros lubrican su piel con aceite, camina con seguridad y poder, la gente lo mira con un mezcla de respeto y dientes destemplados.
La pólvora es la banda del festival; Avao no se cansa, sus amigos ya son mis amigos, los he acompañado por más de 8 horas, solo falta un kilómetro. Llegamos al Templo de Krathu, Avao es liberado de sus pistolas, ni una gota de sangre, ni unos puntos, ni una curación; unas pequeñas cintas para unir la piel y ya está.
Avao sale del trance y pregunta quién soy yo. Después de nueve horas de estar conmigo no me conoce, me presento y le pido acompañarlo a su casa; su familia lo recibe sin euforia, su novia que tiene dos meses de embarazo se ve tranquila, sus hermanitos se miden el cono con el que fue perforado; tal ves no ven la hora de ser ellos los que tengan un par de pistolas en las mejillas, pero no todos tienen este privilegio, solo los llamados por Buda pueden hacer de su cuerpo un retazo de santidad.
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