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Fiebre por la Piel

Tatuado en El Salvador

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Lunes, 12 de Abril de 2010 16:46

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MARCADO DE POR VIDA Y HASTA LA MUERTE.

Cuando me tatué  por primera vez tenía 17 años; eso quiere decir que fue hace más de 20, en esa época que yo sepa , sólo había un tatuador en Bogotá, Dany, un francés con pinta de yunki y vida licenciosa. Hoy hacen tatuajes hasta en las peluquerías y  de ser una característica de rockeros rebeldes, esnobistas alternativos y extranjeros extraviados, el tatuaje  se convirtió, en cuestión de dos décadas, en algo muy común, tan común que tatuajes hay desde en las tetas de Marbelle, hasta en la espalda de Angelina Jolie. 

 

Hoy tengo 5 tatuajes, pero el primero me lo hice a los 17, y prefiero no pensar mucho si ese primer tatuaje aún me gusta; afortunadamente lo tengo en la espalda y no me lo veo muy seguido.  Es un tribal; pudo ser peor, no sé, el escudo de un equipo de fútbol o un demonio de Tasmania o algún diseño que entre los 17 y los 39 pasara de parecerme bacano a parecerme lobo o estúpido; sería un dolor de cabeza y estaría buscando como tapármelo o borrármelo y aunque tal vez la mancha me durara para siempre, arrepentirse de un tatuaje en Colombia no es nada comparado con que le pase a uno en El Salvador.

 

Brazo de un integrante de la M S 13

 

Nunca me había sentido tan observado por mis tatuajes hasta que vine a este país; y es que aquí, rayarse la piel es sinónimo de las dos pandillas más grandes y según algunos más peligrosas de Latinoamérica, la MS, o mara salva trucha, y la 18 o calle 18.

 

Aquí los jóvenes que dan el brinco a las maras lo hacen desde los 12 , 13, 14, 15 años, muchos sellan su ingreso tatuándose, y el fervor por la pandilla es tal, que uno ve pandilleros tatuados hasta la cara, cada clica y cada pandilla con sus propios símbolos, un 18, a veces en romano para los dieciocheros, una M y una S o una mano haciendo unos cuernos con los dedos para la mara salva trucha. Los tatuajes son hechos clandestinamente en los barrios o en la cárcel por tatuadores de la pandilla y muchas veces son burdos  y caseros, otras veces muy elaborados con sombras y hechos a máquina.Las maras son responsables, según fuentes oficiales, de un 45% de los delitos cometidos en el Salvador; extorsiones, homicidios y narcomenudeo son los ilícitos que más se les imputan.

 

Por eso aquí estar tatuado tiene un significado abyecto para la sociedad, está mal visto y la gente lo relaciona de inmediato con el delito, aquí las modelos no tienen florecitas en el final de la espalda ni los modelos  tienen brazaletes en sus musculosos brazos, aquí Marbelle no estaría tatuada. En el Salvador a uno lo pueden arrestar sólo por los tatuajes; te arrestan primero y te preguntan después.  Hace unos años salió una ley en la que ser parte de una pandilla se convirtió en un delito por el que te pueden dar cárcel, algo así como asociación para delinquir, y pues, tener los símbolos de la pandilla es sinónimo de pertenecer.

 

Marero de la 18 en la cárcel convertido den Cristiano

 

Ha sido extraño caminar por el Salvador con mis tatuajes; apenas desde el sábado que llegó la gente de Guns and Roses al hotel en el que estoy, me dejé de sentir como un bicho raro. Entre todos esos gringos rayados por todas partes mis tatuajes parecían de esos de quitar y poner; pero detrás de esta anécdota sobre mis sensaciones y paranoias se esconde un drama duro y difícil, el de los jóvenes que siendo muy jóvenes se meten en la pandilla, muchos seguramente sin pensar en que están adquiriendo un compromiso de por vida. Una vez adentro de la mara es muy difícil salir, y si además te tatúas quedas condenado a que no te den trabajo, a que la gente de la pandilla rival te mate en cualquier momento, a ser absorbido por la espiral de la violencia de la que el marero difícilmente sale. Estar tatuado es quedar marcado por siempre y además debido a su extracción social muy difícilmente los mareros rasos podrían pagarse un destatuado con láser, algo muy costoso si además se tiene en cuenta que cuando estos jóvenes se rayan, se rayan en serio y se hacen tatuajes gigantes. Ayer conocí a un joven que se está destatuando gracias a un programa del gobierno, pero tiene que hacerlo a escondidas ya que teme represalias de sus compañeros quienes podrían apalearlo por traidor o algo peor; este joven no se baña en un lugar público hace 10 años, tiene un uno y un ocho en cada homoplato y aunque haga mucho calor siempre anda bien cubierto. Esta es una pequeña historia sobre el mundo de las maras… en la próxima les cuento algo más.

 

Tatuajes de un diezyochero siendo removidos en un plan del Gobierno

 
 

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