En un estadio con 6 mil pelotas y 12 mil balones

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En la antigüedad, la desnudez no sólo era natural, sino exaltada, y no me refiero a la antigüedad de las cavernas o los inicios del homosapiens, me refiero a la cuna (cunas) de nuestra civilización, me refiero a la Grecia de Platón y Carlomagno, la Roma de los Césares. Ellos se vestían y sus trajes, aunque sencillos, eran bonitos, pero sobretodo prestaban una función en especial, cubrir del frío y a veces del sol, pero los griegos por ejemplo practicaban sus deportes desnudos sin que los cuerpos templados y sudorosos despertaran otro sentimiento que el de la admiración, algo como lo que pueden despertar las piernas del hijo del viento Usain Bolt , o la saltadora de garrocha rusa Yelena Isivayeva; pero si hoy en día ellos corrieran o saltaran sin ropa, no les podríamos quitar los ojos del culo o de las tetas. Al desnudo se le rindió culto en Roma y Grecia al punto de ser la inspiración de las artes, incluso de la poesía, pero en algún momento después de la muerte de Cristo, que entre otras cosas lo crucificaron "en bola y tal como su padre lo trajo al mundo -y no con ese "calzoncillito" hipócrita que el cristianismo le puso después-, el cuerpo y su contemplación se convirtieron en pecado. Por eso y aunque algunos de los momentos más divertidos, apasionados, intensos y hermosos de mi vida los he pasado desnudo, quitarme la ropa en público me cuesta. Toda esa cultura de la culpa, de el pecado, para la que curiosamente lo prohibido se limita a la genitalidad, nos ha hecho crecer un reflejo igualito al de los futbolistas cuando hacen una barrera para el tiro libre. Un impulso involuntario que nos lleva a protegernos el miembro de la discordia de manera automática. Si por alguna razón accidental nos sorprendieran desnudos, para las mujeres es incluso peor que para nosotros los hombres, porque tienen que decidir con qué mano se tapan qué , porque les toca cubrirse tanto cuca como tetas, y claro, el sacrificado es el culo porque desafortunadamente Dios sólo nos dio dos manos para tapar tanto pecado.

Al cuerpo se le volvió a rendir culto estético en las artes durante el romanticismo, e incluso a finales del siglo pasado aparecieron movimientos como el naturalismo en la Alemania de 1930, pero después de Franco y Hitler, y de mucha derecha y extrema izquierda, la desnudez fue considerada delito, y aunque es cierto que cada ves nuestro pudor es menor, y que las que se sienten hermosas se desnudan cada ves más , así sea para las fotografías "artísticas" que les proponen las revistas (si es que una mujer en cuatro patas con el culo levantado, es una fotografía artística, o si la morcilla del tino es una contemplación de lo bello), desnudarse en público sigue siendo un tabú, una práctica limitada a comunas hippies de viejos holandeses y ancianas finlandesas con las tetas por el suelo.

Con estos antecedentes, parado en los corredores del estadio de fútbol de Viena, capital de Austria, guardaba mi ropa en un locker, y con las nalgas peladas, me movía entre una masa humana de cuerpos desnudos que serían fotografiados por el famoso artista gringo Spenser Tunick. Una de las condiciones puestas a los asistentes era la de no llevar cámaras y yo cargaba la mía. Al no tener dónde esconderla, decidí en nombre de la revista Don Juan, para quien originalmente escribí este artículo, saltarme las reglas descaradamente y con una pequeña Sony digital ingrese a las tribunas rodeado de más o menos unas 6.000 tetas y 3.000 pipís.



A Spencer Tunick, el autor intelectual de este "performance", lo había conocido en Chile hacía ya cinco años, un tipo bonachón con pequeños ataques de histeria y regueros de plumas esporádicos (no sé cuál será su orientación sexual, pero suelta pluma). En ese entonces este neoyorkino cuarentón había convocado a 400 chilenos a desnudarse frente al Palacio de Bellas Artes. Tunick, que ha logrado reunir de 7.000 a 20.000 personas en pelotas para una foto (Barcelona 2003 y Méjico 2007, entre otras), siempre ha creado polémica, pero siendo Chile un país tan conservador, no se hicieron esperar las protestas de los godos recalcitrantes, cristianos y evangélicos que salieron con Biblia en mano a exigirle al presidente Lagos que no sometiera a sus carabineros a la humillación de cuidar gentes desnudas ni a sus castos ojos de contemplar semejante blasfemia, tal vez temían las maliciosas señoras que ante la desnudez pública el pecado se tomara Santiago y las mujeres poseídas de demonios como las monjas de Loudun en el libro de Aldous Husley, presas de un incontrolable furor uterino se entregaran a orgías infernales. Tal vez temían esto las beatas o a lo mejor temían a que las dejaran por fuera.

Muy a pesar de las protestas, en lugar de los 400 convidados, aparecieron 4.000 chilenos ( además de los que se quedaron por fuera) que más que querer desnudarse, parecían querer liberarse. De ese día conservo intacto en mi recuerdo el frío padecimiento de mi genitalidad congelada y la imagen de una octogenaria abuela tan solo vestida por un boina y sus propias tetas que le cubrían el vientre y que gritaba agitando su puño derecho, que ella era libre y que podía hacer lo que quisiera.

La verdad en mi muy humilde opinión de fotógrafo aficionado, las fotos del señor Tunick nunca me han parecido las mas estéticas ni las mejor logradas, pero la catarsis que logra en la gente, la democracia del cuero y la piel que convoca me fascina, donde quiera que va, la gente le responde, desde los chilenos más conservadores hasta los más desmadrados catalanes o los modernísimos holandeses. En Ámsterdam, Sidney, Buenos Aires, Nueva York, Caracas y hasta en los glaciares noruegos, Tunick ha demostrado tener mucho más poder sobre la piel que el que pudiera tener Hugh Hefner sobre sus conejitas.

Un poco prendido ingresé a las tribunas del estadio de Viena, un par de "sellonegros" me habían subido la tensión y disipado la vergüenza, la experiencia además de lo obvio no fue gran cosa, a diferencia de Chile donde todo fue una fiesta, aquí todo fue muy europeo. Desde la grama Tunick daba instrucciones con un altavoz, por momentos me sentí un poco idiota. ¿Qué hacíamos más de dos mil seres humanos desnudos obedeciéndole como ovejas a un gordito que además está vestido? Imagino que el secreto es dejarse llevar así que me dediqué a posar y a disfrutar sin malicia de la vista, la situación era tranquila y hasta tierna. Detrás de mi una señora setentona se reía y más adelante una mamá alzaba a su bebe también desnudo, algunos seleccionados posaron en la gramilla sintética en donde se jugaría la Eurocopa. Un exhibicionista trataba de llamar la atención de los fotógrafos mostrándoles hasta lo más profundo del asterisco humano, pero fue curiosamente una paisana colombiana la que le terminó robando el protagonismo al pervertido dejando ver al día siguiente en las páginas de la prensa austriaca, el par de tetas más maternales y hermosas que haya visto, llenitas, grandes y algo caídas.

Al final de la sesión fotográfica la gente se auto aplaudió llenándose de emoción y algunos hasta se abrazaron como si acabaran de compartir mucho más que su desnudez –bonito- yo me fui con la paisana de las tetas generosas pensando si algo así se podría hacer en Colombia. Me imaginé de inmediato el desfile de siliconas tan tenaz y los centros de estética atafagados de clientas una semana antes de la llegada de Tunick. Pensé en los desmayos de Monseñor y en el padre Chucho -metrosexual como es- yendo al gimnasio por si decidía ese domingo hacer una homilía naturalista. Pensé en don Álvaro (sí, el presidente) echando camándula y convidando a la ciudadanía a no dejarse tentar por ese gustito. Me imaginé a Piedad Córdoba y a una Yidis arrepentida jamonas y desnudas marchando junto con cientos de estudiantes de "La nacho" lanzando arengas y tildando a los periodistas de terroristas mediáticos convirtiendo las fotos de Spencer Tunick en una pedrea monumental, y a Juan Manuel Santos en pelota cubierto por un escudo lanzando arengas contra doña Piedad. Me imaginé a los "ñeritos" del centro haciendo su agosto con la ropa de los nudistas y a una centena de revendedores ofreciéndole a uno su propia ropa a mitad de precio. Me imaginé a Sammy todo integrado con la gente, todo cheverón y empeloto echándole la culpa del robo de ropa por alguna razón misteriosa a la Alcaldía de Samuel y a doña Maria Eugenia sacándolo de una oreja por profanar así, la imagen de su abuelo el general hombre incapaz de semejante inmoralidad. Me dije entonces. "no creo que esa vaina se pueda hacer en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla…"

Ahora, repasando estas fotos recuerdo con nostalgia mi día de nudista y aunque ahí perdonarán lo poquito, si les digo honestamente que me encantó. pero que ya entrados en los gastos de la malicia prefiero que la raza humana ande vestida, porque una cosa es la contemplación de lo bello y otra el erotismo. Nunca sería tan sublime desvestir a una mujer sino por la ansiedad de contemplar lo que a diario nos es negado, de descubrir y redescubrir sus formas. Ahora sé que la ropa no sólo es para tapar pecados y cubrir del frío, sino también para seducir, para invitar , para imaginar, y hasta para disimular. Además piénsenlo, ¿están seguros de querer ver a todo el mundo desnudo? Al portero de su edificio, por ejemplo, o a don Ernesto Samper dando un discurso, a don Álvaro haciendo yoga, a Jorge Barón dando la patadita de la suerte a cualquier artista como Silvestre también con el culo pelado? A Camilo Villegas en su pose de hombre araña, a teresa Gutiérrez de compras, a la Negra Candela presentando el lavadero?. ¿Qué tal que les saliera un pelo en la sopa? ¿De dónde pensarían que proviene? ¿Soportarían ver a Yidis nuevamente? ¿Se subirían a Transmilenio? ¿Visitarían Tunja? ¿Verían mi programa? En fin, por mí que las cosas se queden como están, que la gente se desnude para los artistas, las modelos sigan haciendo sus fotos en 4 patas y con el culo levantado, y las matronas mantengan sus dignas carnes en sus enaguas.

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